En 1997 la archiconocida cantante islandesa entrevistó al compositor estonio Arvo Pärt para el programa 'Minimalistas Modernos' de la cadena de televisión BBC.
Suele resaltarse la espiritualidad de la obra de Arvo Pärt, cristiano ortodoxo de hecho adscrito al llamado "minimalismo sacro" junto a John Tavener (británico convertido al cristianismo ortodoxo ruso), Henryk Górecki (católico polaco autor de la Sinfonía n.º 3 «Sinfonía de las lamentaciones» Op. 36 para soprano solo y orquesta que aunque escrita en 1976 vendió más de dos millones de copias a partir de la versión que sobre ella realizó David Zinman en 1992), Alan Hovhaness (norteamericano cuya obra se incluye entre los créditos de la serie COSMOS, de Carl Sagan) o la escultora musicalSofia Gubaidulina.
Sólo citaremos su "Cantus in Memory of Benjamin Britten", un breve canon escrito en 1977 para orquesta de cuerda y campana, recurrentemente utilizado por el cine: en "Les Amants du Pont-Neuf" (de Léos Carax, 1991), en la película "Japón" del cineasta mexicano Carlos Reygadas, y en el magistral ejemplo de manipulación emocional de "Fahrenheit 9/11" tras el impresionante fundido a negro más largo de la historia del cine.
Recorded at The Wendy House, Weddington, Autumn'81
... Promise was that I Should Israel from Philistian yoke deliver; Ask for this great deliverer now, and find him Eyeless in Gaza at the Mill with slaves ...
Cuando en 1980 el vocalista Martyn Bates y el multi-instrumentista Pete Becker se conocieron, el primero tenía entre manos una novela de Aldous Huxley cuyo título evocaba a su vez el pasaje citado arriba, procedente de la obra de John MiltonSansón Agonista. A Bates le pareció que el libro de Huxley despedía una hermosa sonoridad, e interesado por el mito de Sansón decidió adoptar el nombre de Eyeless in Gaza para bautizar la anómala banda inglesa que formó junto a Becker.
Al año siguiente estaban grabando experimentos en un club nocturno de Leeds, The Wendy House. Una de estas grabaciones, Street Lamps n' Snow, consistía en una suerte de improvisación simultánea que ambos ejecutaban por separado, de modo que cada uno apenas escuchaba lo que estaba haciendo el otro. El resultado, más tarde recuperado en el álbum de rarezas Orange Ice & Wax Crayons (1992), fue el siguiente...
Martyn Bates.- A piece recorded when we were very much under the spell of free music. This sort of thing was so refreshing to play and hear... quite a test, I remember; Pete was in the studio while I was in the kitchen... we were both playing to a tiny leakage... i.e., we'd practically no idea what the other one was doing!... Yeah, good idea... exciting!
Pete Becker.- It reminds me of wen you're a kid and it's xmas anda it's nightime; It's snowing and you're outside under the streetlamps... those sodium, orange ones... You look up and you just see the orange glow anda snow coming down and everything. But sometimes it looks like the snow's going around the light, or up, or down, or across... and you get this giddy feeling about you... and becouse of the time of year you feel there's a kind of magical quality about it. Which fits this piece of music exactly... except that it's got that tension between an innocent childkike quality and something that's a bit spooky and off-kilter... seems to be a recurring motif in Eyeless' music...
La materia emite y transmite cosas: radiación, magnetismo, ejem..., ondas... Esto también ocurre cuando ha sido el hombre quien ha ordenado una particular disposición de esa materia, y por eso una estancia o un edificio nos transmiten determinadas... (ejem, de nuevo) vibraciones. Esto es evidente en el caso de la luz, pues no dejamos de percibir los colores de las cosas por el hecho de encontrarse inmóviles. Pero... ¿oímos también las cosas inanimadas como rocas, paredes o políticos en rueda de prensa, incluso cuando nada las percute, vibra o sopla?
Tal vez sí, con un poco de ayuda.
El compositor norteamericano Russell Frehling ha desarrollado un sistema para 'pescar' frecuencias de resonancia inherentes en la arquitectura, una técnica mostrada entre febrero y marzo de este año en el Bass Museum of Art de Miami Beach, en la exposición 'SOUND', organizada por ISAW (Interdisciplinary Sound Arts Workshop) en el 20 Aniversario de su festivalSUBTROPICS. La exposición, comisariada porGustavo Matamoros (compositor experimental y director del ISAW), con la colaboración del también compositor David Dunn, (nombres que muy posiblemente volverán a aparecer en este blog), incluyó una instalación llamada Bass Soundfield Russell Frehling, una sesión depesca de resonanciasde hora y media de duración, que trabaja con las longitudes de onda más altas del espectro audible, extraidas del ambiente. Lo vemos y oímos de forma abreviada abreviada en este vídeo:
Hace unos días tuve ocasión (fui obligado a punta de pistola) de escuchar un concierto lírico al aire libre, en una encantadora zona ajardinada con abundante vegetación. Sin embargo... donde hay plantas, hay insectos.
El recital, una serie de piezas compuestas por Joaquin Turina, arrancó a la hora prevista, aunque convertido en un inusitado trío para voz, piano y estridulación. Allí estaban el pianista a su piano, la soprano ante un micrófono del todo innecesario, y en algún lugar del árbol más cercano al escenario, una invisible pero omnipotente chicharra que, después de haber pasado de entre 4 hasta 17 años bajo tierra alimentándose de raíces como ninfa, había ascendido a ese árbol precisamente.
Y mientras la soprano imploraba con gran dramatismo ser arrastrada por las Olas gigantes que Gustavo A. Bécquer escribió en su Rima LI, la chicharra macho le cantaba a la vida, y más concretamente a las hembras de su especie con la intención de aparearse. Una conducta nada reprochable si recordamos esos solitarios 17 años bajo tierra.
El duelo interpretativo entre la soprano y la chicharra habría sido muy del gusto de Erik Satie, de quien se cuenta que en sus veladas al piano prefería dejar abiertas las ventanas porque el ruido de la calle formaba parte de la interpretación musical.
El anochecer favoreció la victoria de la mujer, y tras el último de los Tres Poemas op. 81, ya fuese por el descenso de la temperatura o por la feliz conquista de alguna atractiva cicádida, la chicharra enmudeció. Pero, lejos de acabar los problemas con los insectos, la oscuridad atrajo una nube de mosquitos y otros impertinentes bichos hacia los focos que con chorros de luz a bocajarro señalaban a la valiente soprano como objetivo a devorar.
Ignoro cómo se las arregló para dominar el impulso de liarse a palmetazos, pero vayamos a lo nuestro y escuchemos simultáneamente dos de las piezas que allí se escucharon (actívense ambos reproductores a la vez):
Olas gigantes que os rompéis bramando En las playas desiertas y remotas, Envuelto entre las sábanas de espuma, ¡Llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán, que arrebatáis Del alto bosque las marchitas hojas, Arrastrando en el ciego torbellino, ¡Llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo Y en fuego ornáis las desprendidas orlas, Arrebatado entre la niebla oscura, ¡Llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, adonde el vértigo Con la razón me arranque la memoria. ¡Por piedad! ... ¡Tengo miedo de quedarme Con mi dolor a solas, con mi dolor a solas!