Memoria musical traidora

Lo que hacemos no viene de la nada. Una semana atrás, con la ayuda de un buen amigo, compré una Elektron Machinedrum SPS-1 MK II. Y aprendiendo a pilotarla tuve la ocurrencia de ponerme a grabar con ella y con el KORG R3.

No contento con la fechoría, me entretuve en grabar un vídeo para hacer más digestivo su consumo. Como la pieza no contaba ninguna historia ni tenía significado alguno, me limité a transcribir el sonido en imágenes, con la ayuda del programa de edición de audio.

Este fue el resultado, publicado hace tres días en YouTube.



Pero esta misma mañana, escuchándolo de nuevo, la melodía me ha resultado vagamente familiar. Y de repente, qué crueldad, he recordado uno de los primeros vinilos que de niño tuve en las manos, el Platinum de Mike Oldfield, un disco que terminaba así.



Abandonado el gusto por los discos de Olfield, algunos años después supe que aquel tema era la versión de una obra de Philip Glass, con quien entonces estaba yo entusiasmado, el Etoile Polaire, incluido en el álbum North Star, un coro repetitivo de resonancias setenteras que podéis escuchar aquí.



¡¡Traición!! ¡¡Infamia!! Seguramente me rondan por la cabeza miles de referencias, podría haber tratado de emular a Yahoo, a New Order o incluso a Giorgio Moroder, pero jamás se me habría ocurrido mencionar a Olfield o a Glass como "influencias" de mis torpes maquinaciones sonoras. Pero ahí están. Puedes tratar de ignorar o superar tu educación musical, puedes incluso odiarla, pero para tu vergüenza no la puedes borrar.


¿Valgo más muerto que vivo?


I. Siglas.

Dos semanas atrás, en este Año Internacional de la Diversidad Biológica, la ONU publicaba el documento Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 3 (PMDB-3). En sus primeras páginas, Achim Steiner, Subsecretario general de las Naciones Unidas y director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), advierte lo siguiente:

"Una de las áreas clave es la economía: muchas economías siguen sin apreciar el enorme valor de la diversidad de animales, plantas y demás formas de vida, ni su papel en el funcionamiento de ecosistemas sanos, desde los bosques y los sistemas de agua dulce a los suelos, los océanos e incluso la atmósfera".

Es una declaración de gran calado, en la línea del interesantísimo proyecto The Economics of Ecosystems and Biodiversity (TEEB) auspiciado desde el propio PNUMA.

TEEB trata de cuantificar los beneficios económicos globales de la biodiversidad y poner de relieve los crecientes costos de su pérdida y de la degradación de los ecosistemas. Una pérdida descrita muy gráficamente en su informe provisional de 2008 (disponible en castellano):
"Es como si estuviéramos borrando el disco duro de la naturaleza sin tan siquiera saber qué datos contiene".
El informe señala la falta de valoración económica del aprovechamiento (y asolamiento) de los recursos naturales como causas cómplices del deterioro de los ecosistemas y de la destrucción de la biodiversidad, partiendo de la frase de un desconocido autor revolucionario, un tal Adam Smith: No todo aquello que es muy útil vale mucho (el agua, por ejemplo) ni todo lo que vale mucho es muy útil (un diamante, por ejemplo).


II. Dentro y fuera (conceptos básicos).

Como tantos otros, di mis primeros pasos (luego truncados como puede comprobarse) en el estudio de la Economía de las manos de Samuelson-Nordhaus, cuya obra homónima dedicaba a las externalidades... ¡una de sus mil cien páginas!

Aunque joven y precozmente estúpido, ya entonces me llamó la atención el nombre, alusivo a lo que queda fuera del mercado. Una exclusión fácilmente predecible al dejarle encargarse de decidir no tener que pagar por algunas cosas buenas que utilizaba, como (el trabajo de las amas de casa, los parques y zonas verdes, los bienes públicos en general), ni tampoco por las consecuencias negativas de su actividad (contaminación atmosférica, destrucción de recursos naturales).

A todo esto la ciencia económica durante décadas se limitó a encogerse de hombros cuando le preguntaban porqué no cuantificaba -problemas matemáticamente más complejos había abordado- esos costes para introducirlos en la contabilidad de lo que producimos y consumimos. Y señalando un punto lejano en el espacio se decía: "es que son externas...". Y así, sólo la mala suerte, remotamente externa al mercado, era responsable de la fatal caída de un obrero desde un andamio. La agotadora jornada de trabajo de las amas de casa, criando a los hijos, limpiando el hogar, dando de comer a las familias, tampoco merecía mayor reconocimiento social: eran muy útiles (en palabras de Adam Smith), pero sin ningún valor...

Pero, volviendo a la destrucción de los ecosistemas, ¿cómo puede ser externo el medio del que se nutre todo nuestro sistema productivo? ¿Extraemos de Plutón nuestro petróleo? ¿Son alienígenas las especies de anfibios en acelerada desaparición? ¿Los bosques talados, cuya pérdida global anual el PMDB-3 estima entre 2 y 4,5 billones de USD, en qué planeta producían oxígeno y convertían el CO2 en madera?

Después de más de dos siglos de lecciones sobre Economía, tal vez convenga repasar algunos conceptos previos muy básicos. Tanto que podremos comprenderlos en cualquier lengua:



III. Especulaciones.

Imaginemos que, poco a poco, conseguimos reintroducir en la Contabilidad de lo que tenemos y hacemos aquello que nunca debió quedar fuera de ella. Esto es, en cierto modo, ese burdamente sobado concepto de economía sostenible. Supongamos que logramos cuantificar cuánto cuesta todo, y que nos imponemos pagar por ello. Las emisiones de CO2 de nuestra bolsa del 'super', el carbón robado a las entrañas de la tierra por una central térmica que alimenta el ordenador desde el que escribo, el agua sacada del subsuelo por nuestra marca de cerveza favorita, las bolitas de plástico flotante que dejan a la sombra a las cianobacterias de las que pende buena parte de la cadena trófica marina... Ya se han ensayado algunos intentos:

Extraido de "La economía de los ecosistemas y la biodiversidad" © Comunidades Europeas, 2008

Supongamos que fuésemos obligados a asumir económicamente esos costes que, no nos engañemos, de un modo u otro ya nos estamos infligiendo. Individualicemos ahora la carga, pongamos por caso, de esos 6.100 millones de euros anuales durante un período de 10 años que cuesta proteger la biodiversidad (previamente amenazada gratis) en el cinturón de Brigalow (Nueva Gales del Sur). Añadamos después los costes de todos los ejemplos que se nos vayan ocurriendo. Todos. Ahora seamos buenos, internalicemos las externalidades, y dividamos la inimaginable cifra resultante entre los habitantes que en el mundo son, unos 6.828.203.653, haciendo tabla rasa por simplificar, sin entrar de momento en quién hizo más o menos.

Obtendremos una idea de cuánto le cuesta al planeta cada uno de nosotros.

Expresado el dato anterior con signo negativo, poseídos por esta fiebre economicista computemos después cuánto producimos cada cual en bienes, servicios, conocimiento o risión. Esto no es tan difícil, lo tenemos bien calculado, en muchos casos se aproxima a lo que nos pagan y llevamos una escrupulosa contaduría de nuestros sacrificios.

IV. Seres bípedos, implumes y deficitarios.

Y por fin la dolorosa resta de ambas cifras, las matemáticas de contrición y el plausible resultado de que individual, directa y personalmente consumamos más de lo producido. En un mundo donde la utilidad sí equivaliese al valor, tal vez el nuestro sería negativo.
¿Valgo más muerto que vivo?

Sobrevivir a Kraftwerk

No necesitan presentación, y su influencia en la música tanto culta como popular a lo largo de las últimas décadas ha sido inconmensurable. Bastaría echar un vistazo a casi cualquier producción musical actual para vislumbrar su herencia. Nos limitaremos sin embargo a registrar algunas lecturas de sus obras desde ángulos en principio exóticos.


I. La fama de La Modelo

En 1979 unos modernísimos El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados interpretaban en los escenarios patrios The Model, tema publicado en single sólo un año antes por los propios Kraftwerk, adaptando la letra a su gusto particular.



El mismo año Philip Charles Lithman aka Snakefinger, habitual colaborador de The Residents, lanzó su marciana visión del mismo tema.


Poco después, el colectivo 'avant-pop' japonés Hikashu, liderado por un "pseudovocalista kabuki" realizó esta versión en el álbum Tokyo Mobile Music 1 (1982).




Subamos el volumen y pongamos algo más fuerte (no, no esperéis ver aquí esa patética versión de Rammstein). 1987, Big Black, banda 'noise punk' de Steve Albini (productor de Pixies, Nirvana, The Jesus Lizard, Slint, P.J. Harvey...). Álbum Songs About Fucking, y de nuevo The Model.





(II) Futurismo de conservatorio (paradoja temporal)

Desde que en 1992 el Balanescu Quartet, formación fundada por el violinista y compositor rumano Alexander Balanescu, lanzó su álbum "Possessed" con interpretaciones de varios temas de Kraftwerk bajo arreglo para cuarteto de cuerda, los alemanes no han dejado de estar presentes en las formaciones clásicas más 'cool'. Aquí el corte The Robots, que casi parece descubrir una conexión oculta de los de Düsseldorf con el folklore centroeuropeo.




Cuando el lector observe boquiabierto el espasmódico pero inexplicablemente elegante movimiento de caderas del líder de Talking Heads sabrá disculpar la insistencia en ofrecer The Model, ahora interpretado por el Balanescu Quartet (theremín incluido) pero esta vez junto a David Byrne.




The Model parece haberse convertido en tema obligado en los conservatorios de música...




(III) El programador tropical

Les presento al Señor Coconut, uno de los innumerables alias, en apariencia clínicamente disociados, del prolífico Uwe Schmidt, ciudadano alemán con bigotillo cuya sorprendente carrera ha oscilado entre la frialdad rítmica del techno más hermético y el sudoroso calorcito de los ritmos mestizos y latinos en general. El año 2000 se sacó de sus anchas mangas con volantes de farolillo el álbum El Baile Alemán, con los temas Showroom Dummies, Trans-Europe Express, The Robots, Neon Lights, Autobahn, Home Computer, The Man-Machine, Musique Non Stop y este descacharrante Tour de France:



En palabras de Carlos Gonzalez, "los robots llevan guayabera, bailan agarrao, tocan las maracas y beben pisco sour". No puedo resistirme a colocar el fiestorro que se organizó en el esplendoroso hotel Berns de Estocolmo en noviembre de 2006. Vean, vean este Autobahn en directo, y no dejen de advertir la camisa roja con corbata negra del tipo de las maracas...



(IV) Chiptunes, nostalgia de las máquinas

Todavía con confeti en los bolsillos, regresamos a un universo en principio más cercano a la música electrónica de los pioneros: los sonidos de los videojuegos de 8-bits. En 2007 el sello Astralwerks publicó un álbum que recopilaba música de Kraftwerk inerpretada a base de esta tecnología emocionante. Destacamos aquí estos muy dignos Computer Love del DJ sueco Thomas Söderlund alias Covox, y Spacelab a cargo de 8 Bit Weapon.






(V) Ecos en el campo

Incluso lejos de la ciudad y de sus máquinas descubrimos, en un hotel de carretera, a un tal Sam Barnum, fornido guitarrista campestre que nos sorprende con este virtuoso Computer Love.



Todo este viaje para terminar en el domicilio de este tío tan majete que, según él mismo nos cuenta, estaba aburrido en su casa cuando se le ocurrió grabar un vídeo interpretando Neon Lights... ¡¡con su banjo!!.




Somos absolutamente sinceros al declarar que preferimos lo anterior a las cientos de versiones irregulares de, entre otros muchos, U2, Coldplay, Ride, Rammstein, Veronika Zemanova, Sonic Boom, Zoot Woman, The Cardigans, The Divine Comedy, Lloyd Cole, Leather Strip, Duran Duran, Niños del Brasil, lo que quedaba de Simple Minds, Anthony Rother, Siouxsie & the Banshees, Orchestral Manoeuvres in the Dark... Las pasaremos por alto sin siquiera detenernos en la de Glass Candy, con esa chica tan sugerente. Lo mejor será despedirse con...


Muchachos, no imagináis cómo puede sonar esto en un vinilo de 12" bien prensado...